El agua en Chubut: el largo camino que recorre antes y después de llegar a nuestras casas
Del río Chubut a las canillas de Puerto Madryn, de la desalinización en Puerto Pirámides al tratamiento de los líquidos cloacales: conocer cómo funciona el sistema permite comprender por qué tener agua cerca no siempre significa disponer de agua potable.
Perfil editorial ficticio creado por el instalador de demostración.
PUERTO MADRYN, CHUBUT | 22 DE OCTUBRE DE 2026 · INFORME ESPECIAL
Una canilla abierta parece un gesto sencillo. Sin embargo, detrás de cada vaso de agua hay un recorrido que puede comenzar a decenas de kilómetros, atravesar estaciones de bombeo, plantas potabilizadoras, tanques y cañerías, y continuar después de su utilización hacia sistemas de tratamiento de efluentes.
En Chubut, donde buena parte del territorio presenta condiciones áridas o semiáridas, garantizar el acceso al agua requiere mucho más que disponer de un río, un lago o una reserva subterránea. También hacen falta energía, infraestructura, controles de calidad y decisiones sobre cómo administrar un recurso esencial.
Puerto Madryn: un viaje de casi 70 kilómetros
La ciudad de Puerto Madryn es uno de los ejemplos más claros de esta complejidad. Aunque está ubicada junto al mar, el agua potable que abastece a sus habitantes proviene del río Chubut.
Según explica Servicoop, la cooperativa responsable del servicio, el agua se capta en instalaciones situadas aproximadamente a 68 kilómetros de la ciudad. Desde allí es transportada por un acueducto hasta la planta potabilizadora, donde recibe tratamiento y controles antes de su distribución. El sistema funciona durante todo el año y necesita energía para impulsar el agua a través de grandes distancias y desniveles.
Pero el desafío no termina cuando el agua llega a la planta. En agosto de 2026, autoridades provinciales informaron sobre proyectos para mejorar el bombeo desde la toma del río y reducir los riesgos asociados al funcionamiento de la infraestructura.
Cuando el río tiene agua, pero no se puede potabilizar
Uno de los episodios más recordados ocurrió en abril de 2017. Las lluvias extraordinarias arrastraron grandes cantidades de sedimentos hacia el sistema del río Chubut y provocaron niveles de turbiedad que dificultaron el tratamiento del agua.
Como consecuencia, aproximadamente 250.000 habitantes del Valle Inferior y Puerto Madryn sufrieron restricciones del suministro durante cerca de dos semanas. Las familias debieron almacenar agua, buscar puntos de abastecimiento y modificar sus actividades cotidianas.
Este episodio puso de manifiesto una cuestión científica fundamental: el agua puede ser abundante y, al mismo tiempo, no reunir las condiciones necesarias para ser potabilizada con la infraestructura disponible.
La turbiedad está relacionada con la presencia de partículas suspendidas, como arcillas, limos y materia orgánica. Para retirarlas, las plantas potabilizadoras utilizan procesos físicos y químicos.
Entre ellos se encuentran la coagulación y la floculación. Mediante sustancias coagulantes, las partículas más pequeñas pueden agruparse formando flóculos que luego se separan por sedimentación y filtración.
Este principio también puede observarse mediante experimentos escolares con agua turbia y alumbre, aunque el agua obtenida no debe consumirse.
Puerto Pirámides: transformar agua de mar en agua dulce
En otras localidades de Chubut, la solución tecnológica es diferente.
Puerto Pirámides utiliza plantas desalinizadoras que permiten obtener agua dulce a partir de agua salada mediante ósmosis inversa.
En octubre de 2025 se inauguró una nueva planta con capacidad nominal de 400 metros cúbicos diarios. En octubre de 2026 también se anunció el inicio de obras para construir una cisterna de 500.000 litros y una nueva perforación destinada a fortalecer la captación de agua salada.
¿Qué sucede con el agua después de utilizarla?
El recorrido del agua no finaliza cuando sale por la ducha, el lavarropas o el inodoro.
Una vez utilizada, se convierte en agua residual o efluente. Cuando existe una red cloacal, es conducida hacia instalaciones donde recibe distintos tratamientos antes de su disposición final o reutilización.
Puerto Madryn cuenta con una experiencia de tratamiento y reúso de efluentes. La Municipalidad describe un sistema de lagunas que permite obtener agua tratada destinada al riego de espacios públicos y determinadas actividades productivas.
Sin embargo, mantener estos sistemas exige inversiones permanentes. En enero de 2026 se informó sobre obras de reconstrucción de los canales de ingreso de la Estación de Pretratamiento Norte, afectados por la corrosión y el funcionamiento continuo del sistema cloacal.
El saneamiento también requiere vigilancia ambiental. Investigaciones del CONICET-CENPAT realizadas a partir de reclamos vecinales permitieron identificar un aporte puntual de origen cloacal al agua subterránea en un sector de Puerto Madryn y recomendaron investigar posibles fugas en la red.
La normativa provincial regula el tratamiento y la gestión de efluentes para proteger los ríos, lagos, acuíferos, suelos y ambientes marinos.
Una cuestión ambiental, científica y ciudadana
Las experiencias de Puerto Madryn, Puerto Pirámides y el Valle Inferior muestran que el acceso al agua potable depende de una combinación de factores naturales, tecnológicos, económicos y sociales.
También permiten comprender que el agua que utilizamos no desaparece: vuelve al ambiente de diferentes maneras y su tratamiento influye en la salud de las personas y de los ecosistemas.
En una provincia como Chubut, estudiar el agua significa conocer el territorio, investigar cómo funcionan las tecnologías de potabilización, comprender las desigualdades en el acceso a los servicios y reconocer la importancia del saneamiento.
El gran desafío no consiste solamente en llevar agua hasta los hogares, sino también en garantizar su calidad y gestionar responsablemente lo que ocurre después de utilizarla.
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