La inteligencia artificial llega a la escuela primaria: oportunidades, riesgos y nuevos desafíos para la enseñanza
La Ciudad de Buenos Aires comenzó a incorporar inteligencia artificial generativa en sus escuelas primarias públicas, abriendo un debate que involucra a docentes, investigadores y especialistas en educación. Mientras las nuevas herramientas ofrecen posibilidades para enriquecer la enseñanza, persisten interrogantes sobre su influencia en el pensamiento crítico, la autonomía y el desarrollo cognitivo infantil. ¿Cómo aprovechar sus beneficios sin reemplazar los procesos fundamentales del aprendizaje?
Perfil editorial ficticio creado por el instalador de demostración.
La inteligencia artificial ya forma parte del escenario educativo
La incorporación de inteligencia artificial generativa en las escuelas dejó de ser una posibilidad futura para convertirse en una realidad que comienza a transformar las prácticas educativas.
Durante el ciclo lectivo 2026, el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires anunció la incorporación de Gemini, la herramienta de inteligencia artificial desarrollada por Google, en las escuelas primarias de gestión estatal.
La iniciativa contempla su utilización pedagógica supervisada a partir de quinto grado, aproximadamente entre los 10 y 11 años, y representa una ampliación de la experiencia iniciada durante 2025 en el nivel secundario.
Sin embargo, más allá de la novedad tecnológica, esta decisión plantea preguntas fundamentales para quienes trabajan diariamente en las aulas.
¿A qué edad conviene comenzar a utilizar inteligencia artificial? ¿Cómo influye en el desarrollo de las habilidades cognitivas? ¿Puede favorecer los aprendizajes o existe el riesgo de que los estudiantes deleguen en la tecnología tareas que necesitan aprender a realizar por sí mismos?
Estas preguntas adquieren especial relevancia en la educación primaria, una etapa decisiva para la alfabetización, la construcción del pensamiento lógico, el desarrollo del lenguaje y la adquisición progresiva de autonomía intelectual.
¿Cómo se implementa la inteligencia artificial en las escuelas de CABA?
La propuesta del Ministerio de Educación porteño contempla la incorporación de Gemini a través de Google Workspace for Education, utilizando cuentas institucionales de los estudiantes en lugar de cuentas personales.
Según la información oficial, el entorno dispone de mecanismos de protección, filtros de contenido y condiciones especiales para usuarios menores de edad. También se establece que los datos de los estudiantes no se utilizan para entrenar modelos públicos de inteligencia artificial.
El uso de la herramienta se plantea como una actividad educativa acompañada por los docentes, quienes conservan la responsabilidad de seleccionar las propuestas, orientar las interacciones y evaluar los resultados.
Entre sus posibles aplicaciones pedagógicas se encuentran:
- La creación de actividades y materiales adaptados a diferentes necesidades de aprendizaje.
- El acompañamiento de procesos de comprensión lectora y producción escrita.
- La elaboración de consignas y propuestas para investigar determinados contenidos.
- La generación de recursos que contemplen diferentes ritmos de aprendizaje.
- La introducción de conocimientos sobre inteligencia artificial y ciudadanía digital.
La política también incluye propuestas de formación docente. Según informó el Gobierno porteño en febrero de 2026, más de 7.000 educadores habían participado en capacitaciones vinculadas con estas herramientas.
Aunque estas medidas ofrecen un marco institucional para su utilización, su efectividad dependerá en gran medida de cómo se traduzcan en prácticas concretas de enseñanza.
La presencia de inteligencia artificial en una escuela no garantiza, por sí misma, mejores aprendizajes. Su valor educativo depende de las decisiones pedagógicas que orientan su utilización.
¿Qué dice la investigación científica sobre la IA en la educación primaria?
Una de las principales dificultades para evaluar el impacto de la inteligencia artificial generativa en niños y niñas es que se trata de una tecnología relativamente reciente.
Si bien existen investigaciones sobre sistemas de tutoría inteligente, aprendizaje adaptativo y herramientas automatizadas utilizadas desde hace años en educación, todavía resulta necesario profundizar los estudios sobre el uso de modelos conversacionales generativos en estudiantes de menor edad.
Una revisión sistemática publicada en 2025, que reunió 258 investigaciones sobre aplicaciones de inteligencia artificial en educación STEM primaria, identificó resultados alentadores en determinadas experiencias de tutoría inteligente y enseñanza asistida por IA.
Sin embargo, los investigadores también señalaron limitaciones importantes: diferencias entre las metodologías utilizadas, falta de estudios longitudinales y dificultades para trasladar los resultados experimentales a las condiciones habituales de las escuelas.
Otra revisión científica, publicada en Informatics in Education, analizó 94 investigaciones desarrolladas entre 2020 y 2025.
Sus conclusiones indican que la IA puede contribuir a personalizar las actividades, proporcionar retroalimentación y acompañar procesos de lectura, resolución de problemas y pensamiento computacional.
No obstante, también señala que los resultados más sostenibles aparecen cuando las herramientas complementan las decisiones docentes, en lugar de sustituirlas.
Esto significa que no alcanza con preguntarse si la inteligencia artificial mejora los resultados de aprendizaje.
También es necesario investigar en qué condiciones produce mejoras, qué conocimientos favorece, cuáles podrían verse afectados y de qué manera interviene el docente.
Aprender con inteligencia artificial no es lo mismo que aprender sobre inteligencia artificial
Una distinción fundamental para el trabajo escolar consiste en reconocer que existen diferentes maneras de abordar estas tecnologías.
Aprender con inteligencia artificial implica utilizarla como un recurso que acompaña determinados procesos educativos.
Por ejemplo, un estudiante puede recibir preguntas orientadoras durante una actividad de lectura o utilizar una herramienta que le proporcione retroalimentación sobre un ejercicio.
En cambio, aprender sobre inteligencia artificial significa comprender qué es esta tecnología, cómo funciona, cuáles son sus limitaciones y de qué manera interviene en la vida cotidiana.
Este segundo enfoque resulta especialmente importante en los primeros años de escolaridad.
Una investigación publicada en 2025, titulada A Structured Unplugged Approach for Foundational AI Literacy in Primary Education, examinó una propuesta de alfabetización en IA desarrollada con 31 estudiantes de quinto grado.
Las actividades permitieron trabajar conceptos relacionados con clasificación, representación de datos, razonamiento y evaluación de decisiones automatizadas.
Los resultados mostraron avances en la comprensión de términos y procesos vinculados con la inteligencia artificial.
Una característica interesante de esta experiencia es que propone enseñar conceptos de IA mediante actividades desconectadas, sin necesidad de que los estudiantes interactúen directamente con plataformas generativas.
Esto permite reconocer que la alfabetización en inteligencia artificial puede comenzar mucho antes de que los niños utilicen autónomamente un chatbot.
En las escuelas, esta distinción abre numerosas oportunidades para desarrollar propuestas adaptadas a las diferentes edades.
El riesgo de reemplazar el esfuerzo de pensar
Uno de los principales interrogantes pedagógicos relacionados con la inteligencia artificial generativa es la posibilidad de que los estudiantes comiencen a delegar procesos intelectuales que necesitan desarrollar.
Cuando un niño aprende a escribir, no solamente produce un texto.
También organiza sus ideas, selecciona palabras, establece relaciones, revisa lo que escribió y desarrolla progresivamente la capacidad de comunicar su pensamiento.
Algo semejante ocurre cuando resuelve un problema matemático, interpreta una lectura o construye una explicación sobre un fenómeno natural.
En todos estos casos, el aprendizaje requiere tiempo, exploración, errores, reformulaciones y esfuerzo cognitivo.
Si una herramienta de inteligencia artificial entrega inmediatamente una respuesta elaborada, puede facilitar la resolución de la tarea, pero no necesariamente garantizar que se haya producido un aprendizaje.
Esta situación se relaciona con el concepto de descarga cognitiva, que describe la utilización de recursos externos para reducir el esfuerzo mental necesario para realizar determinadas operaciones.
La descarga cognitiva no es necesariamente negativa. Las personas utilizamos libros, calculadoras, agendas y otras herramientas para ampliar nuestras posibilidades.
El problema aparece cuando la delegación reemplaza procesos que son esenciales para desarrollar una habilidad.
Por ejemplo, utilizar una IA para recibir sugerencias de revisión sobre un texto propio puede favorecer la reflexión.
En cambio, solicitarle que escriba toda la producción sin que el estudiante participe en su elaboración puede impedir que ejercite capacidades fundamentales.
Por eso, una pregunta central para la planificación docente debería ser:
¿La inteligencia artificial está ayudando al estudiante a pensar mejor o está pensando en su lugar?
¿Qué opinan los especialistas en educación?
La implementación de inteligencia artificial en la escuela primaria ha generado diferentes posiciones entre investigadores y especialistas.
En declaraciones publicadas por Chequeado, Fabio Tarasow, especialista en educación y tecnologías digitales vinculado con FLACSO, destacó la importancia de considerar las características del desarrollo cognitivo infantil antes de incorporar estas herramientas.
Su preocupación se relaciona con la necesidad de preservar experiencias educativas que permitan a los estudiantes construir conocimientos, comprender argumentos y desarrollar habilidades intelectuales propias.
Tarasow también advierte sobre la dificultad de evaluar efectos a largo plazo en un contexto de cambios tecnológicos extremadamente rápidos.
Por su parte, Alejandro Artopoulos, especialista en tecnología y educación de la Universidad de San Andrés, señala que algunas aplicaciones pueden resultar beneficiosas, especialmente cuando están diseñadas para acompañar habilidades específicas.
Entre los ejemplos aparecen las herramientas destinadas a mejorar la fluidez lectora.
Sin embargo, también destaca los riesgos de utilizar sistemas generativos sin una planificación pedagógica adecuada.
Ambas perspectivas permiten comprender que el debate educativo no debería organizarse alrededor de dos posiciones extremas: aceptar cualquier utilización de inteligencia artificial o rechazar completamente su incorporación.
El verdadero desafío consiste en identificar propuestas que favorezcan aprendizajes significativos y establecer límites cuando las tecnologías puedan interferir con los procesos que se pretende desarrollar.
¿A qué edad deberían comenzar los estudiantes a utilizar IA generativa?
La edad apropiada para interactuar con sistemas de inteligencia artificial constituye uno de los temas más discutidos.
En 2023, la UNESCO publicó su Guía para el uso de IA generativa en educación e investigación, un documento que propone criterios para incorporar estas tecnologías desde una perspectiva centrada en los derechos humanos.
Entre sus recomendaciones se encuentra establecer los 13 años como referencia mínima para la interacción independiente con plataformas de inteligencia artificial generativa.
La preocupación se relaciona especialmente con la protección de los datos personales, la exposición a contenidos inadecuados y las características del desarrollo infantil.
Sin embargo, es importante distinguir entre el uso independiente de plataformas generales y las experiencias educativas diseñadas específicamente para niños, acompañadas por docentes y sometidas a mecanismos de protección.
La recomendación de la UNESCO no debe interpretarse como una prohibición universal de enseñar conceptos relacionados con inteligencia artificial antes de los 13 años.
Por el contrario, la alfabetización tecnológica puede desarrollarse desde edades tempranas mediante actividades adecuadas al desarrollo de los estudiantes.
Lo que requiere especial atención es el acceso directo a sistemas generativos, las condiciones de privacidad, el tipo de interacción y el grado de supervisión.
El lugar del docente en una escuela atravesada por la inteligencia artificial
La incorporación de IA generativa plantea nuevos desafíos para el trabajo docente, pero no modifica una cuestión fundamental: enseñar implica mucho más que proporcionar información.
Los docentes interpretan las necesidades de sus estudiantes, reconocen dificultades, organizan experiencias, acompañan procesos emocionales y sociales, y construyen situaciones que favorecen el desarrollo del pensamiento.
Estas dimensiones no pueden reducirse a la generación automática de respuestas.
Por eso, la inteligencia artificial debería incorporarse desde una perspectiva pedagógica que priorice el aprendizaje y no simplemente la eficiencia.
En la práctica, esto significa diseñar actividades en las que los estudiantes puedan formular preguntas, explorar alternativas, contrastar información, fundamentar sus decisiones y revisar críticamente los resultados producidos por la tecnología.
También exige reconocer que no todas las propuestas requieren utilizar IA.
En numerosas situaciones, escribir un primer borrador sin asistencia, resolver un problema de manera autónoma, conversar con otros estudiantes o investigar mediante observación directa constituyen experiencias indispensables.
La decisión de incorporar inteligencia artificial debe responder a una necesidad pedagógica concreta.
Formación docente: una condición indispensable
Uno de los mayores riesgos de la incorporación acelerada de inteligencia artificial en las escuelas es que la disponibilidad de herramientas avance más rápidamente que las oportunidades de formación.
Aprender a escribir instrucciones o prompts resulta útil, pero no es suficiente.
Los docentes necesitan comprender las características generales de los modelos de IA, sus posibilidades de error, las formas en que procesan información y los riesgos asociados con la privacidad y la protección de datos.
También deben poder evaluar cuándo una actividad mediada por inteligencia artificial favorece la construcción del conocimiento y cuándo puede transformarse en un obstáculo.
La formación docente debería incluir, entre otros aspectos, alfabetización en IA, didáctica, ciudadanía digital, ética, pensamiento crítico y evaluación de aprendizajes.
Desde esta perspectiva, la capacitación no puede limitarse a enseñar el funcionamiento de aplicaciones comerciales.
Debe proporcionar herramientas conceptuales y pedagógicas para tomar decisiones fundamentadas sobre su utilización.
Un desafío que alcanza a todas las jurisdicciones educativas
Aunque la noticia tiene como protagonista al sistema educativo de la Ciudad de Buenos Aires, las preguntas que plantea atraviesan a las escuelas de todo el país.
En provincias como Chubut, la incorporación de inteligencia artificial también invita a considerar las características de los diferentes niveles educativos, los diseños curriculares, la conectividad disponible y las condiciones concretas del trabajo docente.
La integración de estas herramientas puede generar oportunidades para enriquecer propuestas de alfabetización, educación científica, tecnología, ciencias sociales y proyectos interdisciplinarios.
Sin embargo, ninguna innovación debería perder de vista las particularidades del contexto institucional ni las necesidades de los estudiantes.
Las políticas de incorporación tecnológica requieren acompañamiento, formación sostenida, criterios de protección de datos y mecanismos de evaluación que permitan conocer sus efectos reales.
La pregunta no debería ser solamente cuántas escuelas incorporan inteligencia artificial, sino qué experiencias de aprendizaje se están desarrollando y cuáles son sus resultados.
Una pregunta para el futuro: ¿qué significa aprender en tiempos de inteligencia artificial?
Durante décadas, la escuela enseñó a buscar información, analizarla, relacionarla y utilizarla para resolver problemas.
La inteligencia artificial generativa modifica algunas condiciones en las que se desarrollan estas actividades, pero no elimina la necesidad de aprenderlas.
Por el contrario, cuanto mayor es la capacidad de las tecnologías para producir respuestas, más importante resulta que las personas puedan formular preguntas relevantes, identificar errores, evaluar argumentos y construir criterios propios.
La llegada de la inteligencia artificial a la escuela primaria representa una oportunidad para revisar nuestras prácticas de enseñanza.
También constituye una responsabilidad.
El objetivo de incorporar IA a la educación no debería ser que los estudiantes aprendan a depender de sistemas inteligentes, sino que desarrollen los conocimientos y las capacidades necesarias para comprenderlos, utilizarlos críticamente y decidir cuándo prescindir de ellos.
En definitiva, la discusión no consiste en elegir entre inteligencia artificial y aprendizaje humano.
El verdadero desafío pedagógico es construir experiencias en las que la tecnología amplíe las posibilidades educativas sin reemplazar aquello que constituye el sentido más profundo de la escuela: aprender a pensar, comprender el mundo y actuar sobre él de manera autónoma, crítica y responsable.
Artículo de divulgación educativa elaborado a partir de información publicada por Chequeado.com , documentación oficial del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires e investigaciones científicas sobre inteligencia artificial y educación
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